En 2020, renuncié a mi trabajo en plena pandemia con $200 en la bolsa y sin un plan claro.
Solo tenía miedo, fe… y las ganas de no volver a sentirme así.
Trabajaba como Gerente de Marca en una agencia de publicidad. Desde afuera, todo se veía bien. Pero por dentro, cargaba con el peso del agotamiento, la falta de reconocimiento y una presión que poco a poco me fue apagando. La ansiedad y la depresión llegaron sin avisar, y fue entonces cuando tomé la decisión más difícil y más valiente de mi vida: renunciar. Sin red de seguridad. Sin respaldo. En medio de una crisis mundial.
Se sintió como saltar al vacío sin saber si habría un trampolín al fondo.
Con ese dinero compré ropa en una tienda americana para revenderla desde mi cochera y por Facebook. También me compré un teléfono Hyundai — porque ni eso tenía propio. Ese celular hoy está enmarcado en mi escritorio. Es mi recordatorio de dónde empecé.
Luego me pregunté: ¿Quién me va a contratar en este momento, si las empresas están despidiendo?
La respuesta fue simple: nadie.
Y entonces pasó
Sé que no llegué hasta aquí sola. Dios ha sido mi mejor socio y mi mejor coach, y ha puesto en mi camino a cada clienta exactamente cuando la necesitaba — y cuando ella me necesitaba a mí.
Y te voy a contar algo que pocas veces se dice: Cuando mi negocio generó su primer sold out, también tuve miedo.
Cuando pasé de $0 a $1,000 dólares fue una locura — sobre todo porque ese ingreso lo había creado yo. Nadie más. Y en ese momento entendí algo que cambió todo: el reto no era solo crear un ingreso. No era solo vender. Era sostenerlo.
Y para sostenerlo, necesitaba un nuevo nivel de consciencia.
Porque mientras mis números subían, seguían apareciendo las dudas. Me daba pena cobrar más. Sentía miedo al rechazo. No quería ser tan visible. Pensaba demasiado y accionaba poco. En el fondo, dudaba de mi propio valor y de lo que aportaba.
Y fue ahí donde entendí que no era falta de estrategia. Era falta de creérmela.
Cuando cambié mi pensamiento, cambió mi realidad.
Por eso hoy mis programas integran las tres cosas que realmente transforman un negocio: estrategia de marketing, ventas y mentalidad. Porque con solo una das un paso pero cuando las tres se fusionan avanzas, evolucionas y creces no solo como profesional sino como persona.
Hoy me levanto todos los días con ganas de comerme el mundo. Me siento bendecida, plena, feliz — y con el propósito de poner mi conocimiento al servicio de mujeres como tú.
Y eso es exactamente lo que quiero para ti.
Quiero que te sientas orgullosa de ti misma. Que te sientas plena. Que puedas pasar más tiempo con tus hijos. Que dejes de sobrevivir y empieces a vivir.
Porque tú no naciste para conformarte — naciste para construir tu imperio. 👑
Yo lo logré. Tú también puedes. Y juntas, lo vamos a hacer.